26 Ağustos 2016 Cuma

INTRODUCCION

INTRODUCCION

DEl siglo XX fue uno de los más tétricos y letales en toda la historia de la humanidad. Se derramó una impresionante cantidad de sangre y la gente fue sometida al más alto grado de terror y opresión. Dictadores como Hitler, Stalin, Pol Pot e Idi Amin, exterminaron a millones de personas. El primero de los nombrados mandó a la muerte a quienes consideraba “inútiles”. En muchos países de occidente cientos de miles de seres humanos fueron esterilizados compulsivamente o dejados morir, debido a que eran enfermos, viejos o tullidos. Asimismo, debido a la aceptación de la competencia descarnada entre los individuos como algo natural, mucha gente, en todo el planeta, sufrió y sufre la explotación y opresión más inicuas. En ciertos estados el racismo se convirtió en la ideología dominante y determinados linajes perdieron totalmente la calidad de humanos.  Los conflictos y las guerras fría y caliente, entre el mundo capitalista y comunista, condujo a que pueblos con lazos de parentesco se volvieran enemigos.
Pero casi nadie comprende o tiene principalmente en cuenta la naturaleza de los fundamentos ideológicos –establecidos por el economista británico Thomas Malthus– que empujaron al siglo XX hacia la destrucción, el caos, las guerras, los conflictos, el odio generalizado y la enemistad entre los individuos. Los conceptos retorcidos de dicho personaje fueron ampliamente aceptados, a pesar de carecer de valores morales y religiosos. Luego, el sociólogo Herbert Spencer, también británico, reforzó esos criterios, que más tarde fueron diseminados a través de la teoría de la evolución presentada por otro inglés, es decir, Charles Darwin.
Las tres personas mencionadas, en función de la ideología a la que adscribían, prefirieron ignorar completamente diversas virtudes morales propias de la religión: el altruismo, la solidaridad, el amparo al pobre y al débil, considerar a todos los seres humanos iguales. Por el contrario, propusieron como válida la mentira de que la vida es un campo de batalla; de que la opresión e incluso el exterminio de los menesterosos y de las “razas” consideradas “inferiores” era algo justificado; de que como resultado de esos criterios sobrevivirían los más “aptos” en tanto que el resto sería eliminado, lo cual conduciría al “progreso” de la humanidad.
Darwin buscó aplicar la filosofía individualista y ególatra a las ciencias naturales por medio de su teoría de la evolución. Desconoció los ejemplos de solidaridad y cooperación que Dios estableció en la naturaleza, sostuvo que todos los seres vivos estaban forzados a librar entre ellos una lucha despiadada por la subsistencia y aseguró, sin ningún fundamento científico, que las sociedades humanas exhibían ese mismo tipo de procedimiento. Es al momento de aceptarse semejantes criterios que aparece el socialdarwinismo.
Algunos sugieren que el socialdarwinismo emergió en la segunda mitad del siglo XIX y perdió influencia durante la segunda mitad del siglo XX. De cualquier manera, esta filosofía siguió produciendo daños y efectos adversos sobre la humanidad. En completa contradicción con los valores morales religiosos, diseminó una visión del mundo enrevesada al sostener que la vida es “lucha por la supervivencia” y que el ser humano necesita competir violentamente para alcanzar el éxito o, por lo menos, para no ser destruido. En consecuencia, se presentaron nuevos estilos de vida imbuidos de ideologías sanguinarias y/o totalitarias, despreciadoras de la justicia social: el comunismo, el fascismo y el capitalismo feroz. Además, dieron alas al racismo, a los conflictos étnicos, a la degeneración moral y a muchos otros desastres que llevaron a catástrofes humanas. En síntesis, esa filosofía, inspiradora de políticas y prácticas brutales, dio “validez científica” a aberraciones de todo tipo.
El socialdarwinismo proveyó una supuesta justificación científica a muchas crueldades producidas por quienes consideraban la vida de los pobres algo sin importancia.
Quienes aceptaron semejante cosa, abandonaron una forma de vida noble y pasaron a considerar la crueldad y el comportamiento vandálico, normales. Es decir, prefirieron ignorar las virtudes éticas y religiosas, entre las que encontramos la compasión, el autosacrificio y la solidaridad entre individuos y sociedades. Convencidos los perpetradores de crueldades de distintos tipos, en base a una falsa suposición,  que lo que hacían tenía un fundamento científico, consideraron justificados todos los atropellos que cometían.
IAquí examinaremos y esclareceremos dos temas principales.
En primer lugar, la amenaza que representan para las sociedades y los individuos los criterios mencionados, que son los dominantes, así como el hecho que se eduque a los jóvenes en función de los mismos.
En segundo lugar, evidenciaremos que no es cierto que Darwin y los evolucionistas no coinciden en todo con los socialdarwinistas. Es decir, probaremos que quienes aceptan la teoría de la evolución también aceptan el socialdarwinismo.
Desde el principio al fin, dejaremos en claro que el modelo por medio del cual la teoría de la evolución considera a los seres humanos una especie de animal ―con el objetivo aparente de justificar la impiedad, el desamor, el egoísmo y el individualismo― es perverso y que Darwin quería que se lo vea como normal. Para el socialdarwinismo es perfectamente aceptable que los ancianos y/o pobres sean sacados de sus casas y exterminados; que los tullidos sean arreados y metidos en un campo de concentración para que se mueran allí;  que las “clases inferiores” sean perseguidas, explotadas y eliminadas de las peores maneras. Quienes creen que la sociedad humana puede progresar solamente si se implementan políticas salvajes que incluyan asesinatos, genocidios, vandalismo, etc., entienden que resulta algo normal que tanto las personas como las sociedades “incapaces” sean eliminadas.
Sin duda, se trata de una forma de pensar peligrosa y pervertida. Resulta de la mayor importancia detectar las teorías e ideologías que se basan en esos conceptos, porque los modelos de sociedades que implementan llevan a las catástrofes más horrorosas. Por el contrario, los valores morales que Dios ordena a la humanidad y revela en el Corán, siempre acarrean la paz y el bienestar.

CAPITULO UNO EL SOCIALDARWINISMO

CAPITULO UNO
EL SOCIALDARWINISMO

REl oprobio del racismo, la discriminación étnica, la competencia desleal, la opresión al pobre, la explotación, por la fuerza, del débil y la idea de que estas cosas y otras del mismo tenor sean correctas, son males que las sociedades han experimentado a lo largo de la historia. Por ejemplo, hace miles de años, en la época del profeta Moisés (la paz sea sobre él –P–), Faraón se consideraba superior a cualquier otro debido a la riqueza y al poderoso ejército que poseía. Rechazó a los profetas Moisés (P) y Aarón (P) e incluso intentó matarlos, a pesar de que lo que decían eran verdades. Faraón implementó políticas discriminatorias, dividió a la gente en clases, consideró a ciertos sectores “inferiores”, infligió numerosas torturas a los israelitas e intentó exterminarlos. El Corán describe sus corrupciones:
Faraón se condujo altivamente en el país (Egipto) y dividió a sus habitantes en clanes. Debilitaba a un grupo de ellos (a los israelitas), degollando a sus hijos varones y dejando con vida a sus mujeres (como esclavas). Era de los corruptores(Corán, 28:4)
¿No soy yo mejor que éste (refiriéndose a Moisés), que es un vil y que apenas sabe expresarse? (Corán, 43:52)
(Faraón) extravió a su pueblo y éste le obedeció: era un pueblo perverso (Corán, 43:54)
Y dimos en herencia al pueblo que había sido humillado (es decir, a los Hijos de Israel) las tierras orientales y occidentales (Palestina transjordánica y Palestina cisjordánica), que Nosotros hemos bendecido…(Corán, 7:137)
Debe tenerse en cuenta que el Egipto antiguo no fue la única sociedad en donde el poder y la fuerza eran lo único que daba primacía, en donde los seres humanos eran divididos en clases y las consideradas inferiores recibían un trato opresivo e inhumano. Ejemplos de regímenes así se encuentran hasta en la actualidad.
Ese tipo de atrocidades siempre sucedieron. Pero lo notable es que en el siglo XIX esas prácticas condenables adquirieron una nueva dimensión: las políticas y formas de proceder consideradas crueles, comenzaron a ser defendidas, repentinamente, bajo el argumento de que se trataba de “métodos que las ciencias descubrieron resultaban intrínsecos de la naturaleza”. ¿Qué fue lo que hizo que, de manera imprevista, se presentase un justificativo así?
Veamos. Charles Darwin da a conocer en su libro El Origen de las Especies, publicado en 1859, su teoría de la evolución, en base a una serie de conjeturas acerca del origen de la vida: no son más que inferencias desprovistas de toda validez científica, imbuidas de una filosofía rebuscada y tendenciosa con el objeto de negar la existencia de Dios y reemplazarlo por la “casualidad”, la que pasaba a ser la fuerza creadora. (Por supuesto, Dios está más allá de semejante patraña). En consecuencia, se pasó a aceptar como “verdad científica” que el ser humano es un tipo de animal y que la vida es un campo de lucha y competición feroz.
La equívoca manifestación de Darwin, cimentada en su teoría anticientífica, de que el débil e impotente tiene que ser oprimido, es uno de los factores principales que hicieron y hacen a la expansión de la injusticia.
De todos modos, esa teoría presentada como evidente sólo y gracias a lo primitivo del desarrollo científico en su época, no es de su propia factura. Se sustenta en una serie de ideas irreales, carentes de todo valor científico, propuestas por Thomas Malthus en su libro Primer Ensayo Sobre la Población en 1798, es decir, unos 50 años antes. Allí se asegura que la población crece más a prisa que la producción de alimentos y que, por lo tanto, es necesario controlar el crecimiento demográfico. Sugiere que las guerras y las epidemias actúan como moderadoras “naturales” del aumento poblacional, lo que las haría beneficiosas. Fue el primero en referirse a “la lucha por la supervivencia”. Según su tesis, despojada de todo humanismo, el pobre no debe ser protegido sino que habría que evitar que se reproduzca y sumirlo en las peores condiciones de vida. Además, era de la idea de que las fuentes de alimentos debían reservarse para las clases “superiores”. (Para más detalles ver el capítulo dos, “La Historia de la Crueldad desde Malthus a Darwin”). Por supuesto, cualquiera con algo de sentimientos nobles y sentido común, se opondría a esos conceptos de un salvajismo increíble. Inversamente al criterio de ayuda al prójimo, propio de los principios morales y religiosos, Malthus y Darwin dijeron que el necesitado debía ser abandonado y dejado morir sin ningún tipo de consideración.
El sociólogo británico Herbert Spencer encabezó la lista de los que inmediatamente adoptaron y desarrollaron esos conceptos inhumanos. En verdad, la expresión “supervivencia del más apto”, que resume el supuesto básico del darwinismo, pertenece a Spencer, quien también sostuvo que el “incompetente” debía ser eliminado: “si son completamente aptos para vivir, está bien que vivan. Pero si no lo son, mueren, y lo mejor es que mueran”1. Según este criterio, el iletrado, el enfermo, el tullido y el fracasado, deberían morir. Es por eso que Spencer intentó evitar que el estado apruebe leyes de protección al desamparado.
Tanto este señor como Malthus, no sentían ninguna compasión por el necesitado y se lo querían sacar de encima. El historiador estadounidense Richard Hofstadter hace el siguiente comentario en El Socialdarwinismo en el Pensamiento Norteamericano:
Spencer no sólo deploraba las leyes (de protección) al pobre, sino también el respaldo estatal a la educación, el control sanitario, la regulación de las condiciones de albergue e incluso el cuidado por parte del estado de los embaucados por los curanderos2
Darwin, influenciado notablemente por los criterios crueles de Malthus y Spencer, propone en El Origen de las Especies el mito del desarrollo de las especies a través de la selección natural. Pero hay que tener en cuenta que Darwin no era un científico, que su interés por la biología era sólo el de un aficionado, que en los microscopios de aquella época a la célula se la veía apenas como una mancha y que las leyes de la herencia aún no se habían descubierto. Es decir, bajo condiciones científicas absolutamente precarias, Darwin sostuvo que la naturaleza siempre “seleccionó” a los más aptos, con mayores ventajas y afirmó que de esa manera se desarrolla la vida. Según su teoría, construida sobre fundamentos erróneos desde un principio, la existencia era el producto de la casualidad y de ninguna manera fue creada por Dios. (Por supuesto, Dios está más allá de semejante patraña). Después de escribir El Origen de las Especies se dedicó a adaptar su teoría no científica a los seres humanos, cosa que registra en su libro El Origen del Hombre. En éste se refiere a cómo las “razas” llamadas “retrazadas”, serían eliminadas en un futuro inmediato, en tanto que las consideradas “avanzadas” se desarrollarían y triunfarían. Es este trabajo de adaptación de su teoría de la evolución a los seres humanos el que serviría de molde al socialdarwinismo, propagado luego por sus fervientes seguidores.
Los más prominentes proponentes de esa filosofía fueron su primo Francis Galton, Herbert Spencer, académicos en EE. UU. como William Graham Sumner, sostenedores de su teoría de la evolución como Ernst Haeckel y, posteriormente, racistas-fascistas como Adolf Hitler.
El socialdarwinismo se convirtió rápidamente en una herramienta por medio de la cual racistas, imperialistas, sustentadores de la competencia desleal bajo la bandera del capitalismo y administradores que rechazaron cumplir con la responsabilidad de proteger al pobre y necesitado, buscaron su propio beneficio. Los socialdarwinistas presentaron como una ley natural la opresión al menesteroso, a las llamadas “razas inferiores” y a los minusválidos, así como  la destrucción de los pequeños empresarios por parte de las grandes compañías, sugiriendo que esta forma de proceder era la única manera de hacer progresar a la humanidad. Querían justificar, en función de una aparente racionalidad científica, todas las injusticias perpetradas a lo largo de la historia. De esa manera, la falta de compasión y sensibilidad –puntales del socialdarwinismo– fue considerada una ley natural y la forma más importante de lo que se denominó “evolución”.
Diversos capitalistas norteamericanos vindicaron la competencia desenfrenada que establecieron  y que barría con muchos criterios morales, citando los conceptos falsamente  científicos de Darwin. Pero sabían que mentían. Uno de los principales plutócratas de EE. UU. y sostenedor de esa falsificación, Andrew Carnegie, manifestó en un discurso pronunciado en 1889:
El precio que paga la sociedad debido a la ley de la competencia, como el precio que paga por el confort y cosas superfluas comunes, es grande. Pero las ventajas de dicha ley son mayores que los costos, pues es a ella que debemos nuestro majestuoso desarrollo material, que nos proporciona situaciones beneficiosas. Aunque a veces la ley puede ser dura a nivel individual, es lo mejor para la raza humana porque asegura la supervivencia del más apto en cada sector. Por lo tanto, aceptamos y damos la bienvenida a la concentración en pocas manos de los negocios industriales y comerciales, a pesar de las condiciones de grandes desigualdades a las que debemos acomodarnos. La ley de la competencia empresaria no sólo es beneficiosa sino que resulta esencial para el progreso futuro de la especie humana3.
Según el socialdarwinismo, el único objetivo de cualquier “raza” es su desarrollo físico, político y económico. La felicidad, la paz, la seguridad individual, se presentan como algo sin importancia. La compasión por quienes sufren y ruegan ayuda, por quienes carecen de toda posibilidad de suministrar alimento, medicina o refugio a sus hijos, a los ancianos, a los pobres y a los incapacitados, es algo absolutamente vano, sin sentido. Quienes hacen estas elucubraciones, consideran sin ningún valor a la persona moralmente correcta pero pobre y que lo más beneficioso para la humanidad sería que se muriera lo antes posible. Por otra parte, se considera de “la mayor importancia para el progreso de la raza” a la persona corrupta moralmente pero rica. Según esta forma de pensar, lo más valioso es la condición de riqueza material del individuo, sin importar nada más. Esta lógica repugnante lleva a los proponentes del socialdarwinismo al colapso moral y espiritual. Uno de ellos, el citado Sumner, expresó en 1879 la siguiente idea perversa:
…no tenemos escapatoria de la siguiente alternativa: libertad, desigualdad y supervivencia del más apto, o libertad, igualdad, y supervivencia del menos apto. La primera tríada lleva a la sociedad hacia adelante y favorece a sus mejores miembros. La segunda, lleva a la sociedad hacia atrás y favorece a sus peores miembros4.
Los más salvajes adherentes al socialdarwinismo, fueron los racistas, sobresaliendo entre ellos los ideólogos nazis, con Adolf Hitler a la cabeza. Las peores consecuencias del socialdarwinismo operante vinieron de mano de esta gente, quienes implementaron la eugenesia, concebida por Francis Galton, el primo de Darwin, con el supuesto objetivo de una más elevada calidad de individuos a través de la eliminación de los genéticamente defectuosos. Los nazis, siguiendo los consejos de científicos darwinistas, masacraron a judíos, gitanos y habitantes de Europa oriental considerados “razas inferiores”. Asesinaron a los enfermos mentales, a los incapacitados y a los ancianos. En el siglo XX fueron ejecutadas millones de personas a través de los métodos más brutales y ante los ojos del mundo, en nombre del socialdarwinismo.
El movimiento eugenésico, conducido por Francis Galton, sostenía, a través de sus defensores, que había que acelerar la selección natural para apurar el desarrollo humano. Debido a ello, se convirtió compulsivamente en estéril, en una gran cantidad de países, desde EE. UU. a Suecia, a mucha gente considerada “innecesaria”. Cientos de miles de individuos calificados “subhumanos”, fueron operados en contra de su voluntad, sin permiso o conocimiento de sus parientes. La implementación más brutal de la “purificación racial” ocurrió en Alemania. Sus gobernantes, no contentos con los primeros resultados, optaron por asesinar en masa a muchas personas debido a, por ejemplo, faltarles algún dedo o miembro.
Los nazis empezaron esterilizando a los niños con enfermedades mentales o hereditarias, pero luego los enviaron a las cámaras de gas. Incluso eran objeto de matanzas eugenésicas aquéllos a los que les faltaba el dedo pulgar.
Semejante salvajismo no cabe para nada en la moralidad religiosa. Dios ha ordenado proteger y alimentar al necesitado. La ética religiosa requiere que se cubran las necesidades del pobre, que se trate con afecto y comprensión al discapacitado, que se tengan en cuenta sus derechos, que se haga efectiva la solidaridad y la cooperación. En cambio, quienes ignoran los valores morales ordenados por Dios, se encaminan hacia una práctica que resulta catastrófica para ellos y para las comunidades involucradas.
Otra calamidad, que tiene su justificación por medio del socialdarwinismo, es el colonialismo. Diversos estados que lo aplicaron y lo aplican, se ampararon y amparan en las tesis darwinistas desprovistas de toda validez científica o sentido lógico. Proceden así para explotar de la manera más inicua a los sometidos a esa política. Los colonialistas sostienen que es necesario que las “razas superiores” mantengan bajo control a las “razas inferiores” en función de una ley natural. Y cuando ello se les torna imposible, recurren al neocolonialismo, que es una forma de cambiar algo para que no cambie nada.
En el siglo XX se emprendieron dos guerras mundiales descritas como “inevitables para asegurar el progreso humano”, según la lógica absurda del socialdarwinismo. La resultante está a la vista: matanza de inocentes; destrucción de sus hogares, comercios y medios de vida; expulsión de millones de personas de sus tierras y viviendas; una carnicería insensible de bebés y niños.
En conclusión, fueron los conceptos socialdarwinistas los que motorizaron la masacre de una cantidad increíble de vidas en los siglos XIX y XX. Por medio de ellos se justificaron “científicamente” muchos males, que aún persisten, un siglo tras otro. El fallecido Stephen Jay Gould revela esta realidad en su libro El Criterio de un Hombre al comentar El Origen de las Especies de Darwin:
En consecuencia, los argumentos para la esclavitud, el colonialismo, el racismo, las marcadas diferencias en las estructuras sociales y en los papeles de cada sexo, surgen, en primer lugar, bajo la bandera de la ciencia5.

El Propio Darwin Era Socialdarwinista

El libro de Darwin “La Descendencia del Hombre”.
Los evolucionistas se esforzaron para presentar los sufrimientos que trajo aparejado el socialdarwinismo, como algo que no tenía nada que ver con Darwin. Pero éste usaba expresiones inequívocamente socialdarwinistas, especialmente en su libro El Origen del Hombre y en otros escritos. En una carta dirigida a Hugo Thiel en 1869 dice que no veía ninguna objeción a la aplicación de su teoría a la sociedad humana:
Realmente observo con mucho interés la aplicación que usted hace, en el campo de lo moral y de lo social, de los criterios que he usado respecto a la modificación de las especies6.
Benjamín Wiker, disertante sobre temas teológicos y científicos en la Universidad Franciscana (Ohio, EE. UU.) y autor de Darwinismo Moral: Cómo Nos Volvimos Hedonistas, dijo en una entrevista, entre otras cosas, que Darwin fue el primer socialdarwinista:
El libro de Benjamin Wiker “La Moral Darwinista”.
Guste o no, al leer El Origen del Hombre queda totalmente en claro que Darwin fue el primer socialdarwinista y el padre del movimiento eugenésico moderno. La eugenesia y el socialdarwinismo derivan directamente de su principio de la selección natural. Creo que la verdadera razón para que algunos se nieguen a relacionar al darwinismo con cosas como la eugenesia, reside en que no quieren que la teoría de la evolución sea mancillada por sus implicancias morales. Pero éstas surgen no sólo en el texto sino que se hacen evidentes por los efectos que ha tenido el darwinismo en los campos de la ética y de lo social, desde que apareció y a lo largo de un siglo y medio7.
Como podrá verse en los próximos capítulos, los evolucionistas modernos vacilan y tratan de no aceptar estos criterios debido a los resultados, en verdad, aterradores del socialdarwinismo en el siglo XX. Pero muchas de las expresiones y manifestaciones de Darwin revelan que fue él la fuente original de los mismos: la competencia salvaje, el racismo y la discriminación, son elementos fundamentales de su filosofía y de la teoría de la evolución y se manifiestan directamente en la realidad que vivimos. Cualquier teoría que considere a los seres humanos producto de la casualidad y apenas superiores a los animales, que considere que unas “razas” son más desarrolladas que otras y acerque así a las “menos desarrolladas” a los animales, que sostenga que la humanidad puede progresar a través de oprimir al débil, llevará, inevitablemente, a consecuencias trágicas. El intento de los evolucionistas por despegarse del socialdarwinismo no soluciona nada. Tenemos la esperanza de que los engañados por esos conceptos acepten finalmente que la teoría de la evolución no tiene nada de científica.
Las calles francesas destrozadas durante la Segunda Guerra Mundial, son uno de los resultados de la filosofía darwinista, pues ésta considera necesario el combate cruento para el progreso de las “razas” o pueblos.

El Error de Aplicar las Leyes de la Naturaleza a los Seres Humanos

Cuando Darwin propuso su teoría, la ciencia aún estaba en pañales en muchos aspectos. Todavía no se había inventado el microscopio electrónico, razón por la cual la célula era percibida como una mancha y nadie sabía que poseía una estructura constituida por muchas organelas de distintos tipos, no menos compleja que la de una ciudad moderna. Es decir, no era posible ver detalles diminutos de los organismos vivos. Tampoco existía la genética, pues las leyes de la herencia aún no se habían descubierto. El desconocimiento era de tal grado, que muchos, incluido Darwin, creían que las “características adquiridas” podían pasarse de una generación a las siguientes. Por ejemplo, admitían que si un herrero desarrollaba músculos poderosos debido a su oficio, los podría transmitir a sus hijos. Darwin lanzó su teoría en el marco de esa creencia. Pero ni él ni sus sostenedores podían proporcionar pruebas en respaldo de la misma en el campo de la paleontología, de la biología o de la anatomía. En cambio, las observaciones y los experimentos llevados a cabo en años posteriores y especialmente los hallazgos realizados en el siglo XX, revelaron que la hipótesis era claramente errónea. A pesar de eso, fue adoptada inmediatamente por una parte del mundo científico debido a que proveía el “fundamento” a los criterios materialistas y ateos.
Ciertos círculos empezaron a aplicar la teoría de la evolución a la esfera social, en función de las implicancias ideológicas que encerraba, consideradas favorables a su forma de pensar. Se convirtió en la raíz nutriente de grandes desastres del siglo XX, como ser, genocidios, asesinatos en masa, guerras civiles que llevaron a que hermanos se maten entre sí y guerras mundiales que arruinaron naciones enteras. Sus seguidores abandonaron los valores y las virtudes de la moral religiosa y se asieron a la ley de la jungla en la que los más débiles son oprimidos y eliminados. Esta teoría, desprovista de toda validez científica, influyó (e influye) a lo largo de más de un siglo.
El microscopio primitivo de la época de Darwin, da la impresión de que las células son estructuras protoplasmática simples e indiferenciadas.
Por otra parte, los microscopios modernos actuales han exhibido lo compleja y apropiada que es la estructura de la célula.
Uno de los más grandes errores de los socialdarwinistas fue intentar implementar la teoría de la evolución. También se equivocaron al asumir que las leyes, supuestamente aplicables a los animales, valdrían para los seres humanos, a quienes Dios ha creado con conciencia y capacidad de razonar, conjeturar y emitir juicios. Es decir, contrariamente a lo que sostiene el socialdarwinismo, nosotros tenemos capacidades y parámetros con los que no cuentan los animales. Además, después de morir seremos resucitados para rendir cuentas de nuestros comportamientos mientras vivimos.
Las tensiones y la violencia surgen en la sociedad cuando los carecientes quedan librados a su suerte. Para lograr un clima de paz y solidaridad es necesario que imperen el entendimiento y la relación pacífica, propiciados por la moral religiosa.

Por otra parte, los humanos poseemos los medios para modificar en cierto grado nuestro entorno en lo que hace a temperatura en nuestras viviendas, protección del cuerpo con determinados elementos, etc., en concordancia con las necesidades y los deseos que albergamos, a diferencia de los animales que sólo pueden adaptarse al medio o, en caso extremo, extinguirse. Por ejemplo, los conejos de pelo oscuro en un bosque nevado se transforman en presa fácil de un zorro. Y, contrariamente a lo que nos quieren hacer creer los darwinistas, no pueden generar crías de pelo claro, lo cual hace peligrar la continuidad de la especie. Además, entre los seres humanos no existe la selección natural porque nuestras capacidades y razonamiento lo evitan.
Los socialdarwinistas, al contemplar nuestras sociedades desde una perspectiva inhumana, piensan que el progreso dependería de dejar librado a su suerte al débil, al necesitado, al discapacitado, al corto de entendimiento, como forma de liberarlo del “lastre” que lo frena. Pero no es así la cosa. El darwinismo desprecia, por algunas de sus capacidades, a personas en general calificadas para pensar y razonar e incluso sentir cólera y odio por quienes les inflingen diversos tratos crueles y/o injustos, a menos que posean las virtudes de la paciencia, el perdón y la comprensión, suministradas por la moral religiosa. Algunos, para mitigar la exasperación que los invade, pueden recurrir a la violencia, pero ésta llevaría, a su vez, a conflictos mayores y al caos.
Las prácticas socialdarwinistas sólo produjeron odio, exasperación, conflictos, asesinatos y guerras.

En consecuencia,  en vez de progreso social tendremos, debido a las carencias en lo material y en lo espiritual, una decadencia de la dignidad en todas las esferas  de la vida.
Y la matanza en nombre de la eugenesia de los considerados “inútiles”, sólo es una bestialidad más que no aporta nada al desarrollo social. Hoy día un seis por ciento de la población mundial –unas 400 millones de personas– es discapacitada. De aplicarse plenamente la eugenesia, son muchos millones los que sufrirían padecimientos de todo tipo. Cada persona con alguna de sus capacidades reducidas que sienta que alguien de hasta su propia familia lo puede matar, sufrirá trastornos y depresiones severos. La comunidad en la que suceda algo así padecerá, sin dudas, un colapso moral devastador como producto de la pérdida de todo tipo de sentimientos humanos, de valores espirituales. Pretender el progreso a través de mecanismos que legitiman el asesinato de los considerados “despreciables”, a la vez que indicaría serios problemas de discernimiento en quienes acuerden con ello, llevaría a otros a graves situaciones mentales.
Más adelante veremos la manera en que el socialdarwinismo buscó aplicar a nuestras sociedades la teoría de la evolución, a pesar de estar totalmente en conflicto con la naturaleza humana. Su vigencia degrada a nuestra especie y la conduce a la depresión y al caos, a la vez que genera enconos que dan lugar a enfrentamientos, guerras y asesinatos. El socialdarwinismo alcanzó su pico en el período que va desde la segunda mitad del siglo XIX a la primera mitad del siglo XX, aunque sus efectos adversos perduran hasta hoy día. En base a los conceptos erróneos del darwinismo, se sigue intentando evaluar a nuestra sociedad global recurriendo a distintos métodos, algunos recurrentes: “psicología evolutiva”, “determinismo genético”, etc. Para proteger al mundo del siglo XXI de situaciones horrorosas, es necesario que todos seamos concientes de los peligros que entraña el socialdarwinismo en los más diversos órdenes de la vida. Y también es imprescindible explicar claramente que la teoría sobre la que se basa esta filosofía, no cuenta con ningún aval científico.

Si se quiere que no se repita el sufrimiento del siglo pasado y que en este siglo XXI se logre una paz amplia y duradera, es necesario que la gente sea conciente de los engaños y peligros del darwinismo.


DİPNOTLAR

1. Herbert Spencer, Social Status, 1850, s. 414-415
2. Richard Hofstadter, Social Darwinism in American Thought, Rev. Ed., Boston, Beacon Press, 1955, s.41
3. Mark Kingwell, "Competitive States of America,  Microsoft proves it: we're still wrestling with that treasured national ideal", New York Times, 25 Haziran 2000; http://www.spaceship-earth.org/Letters/Editor/Competitive_States_of_America.htm
4. http://www.allston.org/josh/socialdarwinismf99.htm
5. Stephen Jay Gould, The Mismeasure of Man, W.W. Norton and Company, New York, 1981, s. 72
6. The Life and Letters of Charles Darwin, Editör: Francis Darwin, D. Appleton and Co., 1896, Vol. 2, s . 294
7. http://www.touchstonemag.com/docs/issues/15.8docs/15-8pg43.html

CAPITULO DOS LA HISTORIA DE LA CRUELDAD, DESDE MALTHUS A DARWIN

CAPITULO DOS
LA HISTORIA DE LA CRUELDAD,
DESDE MALTHUS A DARWIN 

DComo ya hemos dejado en claro, los conceptos de Darwin en El Origen de las Especies son principalmente el producto de la influencia del economista y demógrafo británico Thomas Robert Malthus.
En Ensayo sobre el Principio de la Población Tal Como Afecta al Futuro Progreso de la Sociedad, publicado por primera vez en 1798, Malthus asegura que la población crece en proporción geométrica cada 25 años (1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256…), en tanto que la producción de alimentos aumenta en proporción aritmética (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9,…). Eso lo llevó a suponer que en 300 años la relación entre población y recursos alimentarios sería de 4096 a 13. En consecuencia, los bienes que hacen a la nutrición resultarían insuficientes para la cantidad de individuos que habría en el mundo, por lo que sería esencial enfrascarse en una seria lucha por la supervivencia. Y este es, precisamente, el concepto que figura en el título completo de la obra de Darwin:Sobre el Origen de las Especies por Medio de la Selección Natural o la Preservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida.
Thomas Robert Malthus
En Ensayo se dice que debe detenerse el rápido crecimiento poblacional y que el comportamiento perverso y las calamidades son los dos factores principales que ayudan a ello. Como ejemplo de las calamidades menciona las hambrunas, las pestes, las guerras y la eliminación de chicos recién nacidos. Por supuesto, cualquiera en sus cabales diría que la puesta en práctica de esos criterios es algo irracional, ilógico y de una brutalidad sin límites. Cualquiera con sentido común diría que lo que corresponde frente a situaciones calamitosas es una planificación adecuada de los recursos, de modo de conseguir el bienestar y la relación pacífica dentro y entre los conglomerados sociales.
No obstante, Malthus sugirió otras cosas aberrantes. Por ejemplo, tomar las medidas del caso para evitar que los pobres o la clase trabajadora se reprodujesen mucho. Ideas como ésta alcanzaron su apogeo en 1834 con una ley aprobada en Inglaterra que establecía “sitios laborales especiales” para los menesterosos, en los cuales imperarían normas con la rigidez necesaria para mantener separados gran parte del día a las parejas, con el objeto de evitar el incremento de embarazos y nacimientos.
Uno de los factores subyacentes en la aplicación de ese tipo de medidas fue el arcaico pánico de las “clases altas” de que el veloz incremento de individuos de la “clase más baja” sobrepasase al de los “civilizados” y eventualmente los dominasen. Por supuesto, ese temor carecía de fundamentos y era el producto de un engaño profundo. En primer lugar, no hay nada que avale que un individuo sea superior a otro en función de la riqueza material, de la posición social, del idioma, de la “raza” o del sexo. Dios nos ha creado a todos en un pie de igualdad: lo que da superioridad a unos sobre otros es el grado de respeto a Dios y las virtudes morales, no los bienes terrenos o los atributos físicos.
Según la retorcida propaganda del socialdarwinismo, “una de las filosofías más desalmadas de la historia”, al débil e inválido hay que abandonarlo para que se muera lo antes posible.

De cualquier modo, al comienzo de la Revolución Francesa la clase media británica respaldó de manera notable al maltusianismo ante el temor de perder su preeminencia y autoridad. No vaciló en tomar medidas radicales para evitar cualquier “desgracia” de ese tipo, con lo que cayó, al igual que otros, en uno de los errores característicos de quienes se distancian de los valores de la moral religiosa. La élite de aquella época pensaba que el buen futuro de la sociedad yacía en la existencia de la mayor cantidad posible de gente adinerada y la menor cantidad posible de pobres, lo cual, desde cierto punto de vista, no está mal. Lo bueno o lo malo depende, de manera crucial, del método que se implemente para lograrlo porque, por ejemplo, resulta totalmente inaceptable que para que haya personas con más recursos económicos se masacre al desposeído y se oprima al necesitado, como sugiere el socialdarwinismo. Además, para el progreso de la comunidad no es suficiente sólo el aumento del número de personas adineradas. Si éstas carecen de valores morales y religiosos, como la honestidad, el altruismo, la humildad, la paciencia y la tolerancia, sus actividades dañarán a la sociedad antes que beneficiarla. Los logros solamente serán promisorios si la gente refuerza sus atributos espirituales a la par del progreso material.
No obstante, en aquella época, muchos no se percataban de esta verdad manifiesta y respaldaban puntos de vista que conducían al extravío y al colapso moral individual y social.
Malthus, ajustado a sus creencias pervertidas, marcó algunas pautas para que no aumente la cifra de los “indeseables”:
En vez de recomendar a los pobres el hábito de la pulcritud, deberíamos animarlos a hacer lo contrario.Deberíamos hacer más estrechas las calles en nuestras ciudades, conseguir que se amontonen más personas en cada vivienda e inducir el retorno de las plagas. En el campo, deberíamos construir las aldeas cerca de aguas estancadas y, en particular, animar a realizar asentamientos en todo tipo de zonas insalubres y con ciénagas. Pero por sobre todo, deberíamos reprobar (con vehemencia el uso) de medicamentos que evitan enfermedades (a esos individuos) así como la actividad de los benevolentes pero equivocados, que piensan que hacen un servicio a la humanidad a través del desarrollo de proyectos para extirpar totalmente una u otra enfermedad8.8
Malthus también alentó el asesinato de bebés:
…un convencimiento pleno nos obliga a rechazar que el pobre tenga derecho a recibir ayuda. En consecuencia, propongo que se apruebe una ley que diga que ningún bebé… tiene derecho a recibir asistencia parroquial (beneficios sociales)… El niño ilegítimo es, relativamente, de poco valor para la comunidad, en tanto otros ocupan su lugar… A menos que haya lugar debido a la muerte de una gran cantidad de personas, es necesario que perezcan los (recién) nacidos que hacen que se exceda el requerimiento para mantener a la sociedad en el nivel (de individuos) deseado99
Era una lógica lo suficientemente retorcida lo que permitía a Malthus aceptar la muerte de bebés en función de “un futuro promisorio” para la sociedad. El lector puede pensar que cosas como ésas ya nadie las acepta, pero no es así. En la China actual la planificación poblacional se lleva a cabo por medio de un criterio maltusiano, lo cual muestra hasta dónde llegan los efectos de esos puntos de vista destructores de vidas de congéneres. El estado comunista chino hace lo necesario para evitar que sus habitantes se rijan por medio de principios morales religiosos, alentando, para ello, los criterios darwinistas, lo que lleva a que, además de sumergirse en un enorme colapso moral y comunitario, muchos de sus ciudadanos trabajen en lugares desprovistos de las condiciones humanas más básicas. En una familia, la cantidad de hijos que sobrepasa la permitida por el estado, es reunida y eliminada. Se producen ejecuciones de personas por el “crimen” de pensar, las cuales han asumido el carácter de verdaderas ceremonias. La China contemporánea es un ejemplo de lo que les espera a las sociedades influenciadas por los criterios darwinistas.
No deja de ser notable, aunque trágico, saber a partir de qué dedujo Malthus esas tesis que no sólo abrieron el camino a leyes opresivas y empeoraron las condiciones del indigente en Inglaterra, sino que complicaron más los problemas sociales, pues llevaron a que teorías como la darwinista fueran aplicadas y colaborasen decididamente, en el siglo XX, a la concreción de guerras, de situaciones caóticas, de un racismo y de un ateismo renovados.
Malthus habría pergeñado sus ideas inspirándose en una historia de cabras y perros, aunque nadie lo puede asegurar plenamente.

De las Cabras y de los Perros al Darwinismo

La fuente de inspiración para su Ensayo fue, aparentemente, una historia de cabras y perros dejados en una isla del Pacífico sudoriental por el navegante español Juan Fernández. Según el relato, esas cabras servían de alimento a los marineros que visitaban el lugar, aunque se reprodujeron tanto, al punto que casi consumieron todos los vegetales de la isla. Esto no llegó a suceder porque los comerciantes españoles, para evitar la visita de los corsarios ingleses y que estos consumieran las cabras, desembarcaron en el paraje, perros y perras feroces. Pero esos perros se multiplicaron bastante y mataron a la mayoría de las cabras.
Dicho acontecimiento hizo que el viajero, médico  y clérigo británico Joseph Townsend escribiera que, de esa manera, se estableció un equilibrio natural. Y dijo que “la más débil de ambas especies fue la primera en aportar su cuota al equilibrio natural. La otra parte, la más activa y vigorosa, preservó la vida”. Y extrajo como consecuencia que “es la cantidad de alimento existente lo que regla la cantidad de miembros en la especie humana”10.
Como ya sabemos, son distintas las circunstancias que pueden incidir en el aumento o disminución de una especie. Pero es un grave error suponer que la brutalidad como método ―perros feroces contra otros animales―, se aplica también entre nosotros: la experiencia exhibe las consecuencias horrorosas que tal pensamiento acarrea.
Un ejemplo de ello fue la Poor Law, ley que se aplicaba a los pobres en Gran Bretaña, con la que se los forzaba a trabajar bajo condiciones extremadamente duras, cumpliendo el papel de las cabras.
Debido a las protestas y dificultades que ocasionó su aplicación, Joseph Townsend dijo entonces que era mejor hacerles inclinar la cerviz mediante el hambre: “el hambre sosiega a los animales más feroces y los lleva a la obediencia, al sometimiento y a la mansedumbre”11. En la raíz de estos planteos tan brutales e inconcebibles, se ubica la falsedad de clasificar a la gente sólo por los medios materiales y los atributos físicos de que dispone. Esta discriminación, totalmente incompatible con los valores morales religiosos, ha hecho pedazos cierto e importante orden social y ha conducido al caos, a la anarquía y a conflictos de distintos grados a lo largo de la historia.
Los conceptos de Townsend constituirían el fundamento de la tesis de Malthus, quien a su vez inspiró a Herbert Spencer el aforismo “supervivencia del más apto” y a Darwin el de “evolución por medio de la selección natural”.
Evidentemente, los cuatro mencionados consideraban, incorrectamente, que los valores morales y espirituales no existían en los humanos y que los “despreciables” entre éstos ―la mayoría― sólo podían ser controlados a través de medidas radicales: la guerra, el hambre y el sometimiento a servidumbre. Craso error.

Las Aseveraciones de Malthus no Se Basan en Datos Científicos

Dios ordena proteger a los necesitados y ser afectuosos y compasivos con ellos. Los problemas de esa gente sólo se resolverán defendiendo los valores morales que El dictó.

En un momento dado, la teoría de Malthus recibió apoyo de diversos círculos y constituyó el fundamento de una serie de ideologías y movimientos infames en el siglo siguiente, a pesar de su condición de no científica. Veamos algunos ejemplos de su inconsistencia:
1) Malthus no contaba con ningún tipo de datos respecto al aumento de la población al momento de dar a conocer sus puntos de vista. En Inglaterra, el primer censo nacional se realizó en 1801, tres años después de la aparición de Ensayo. De cualquier manera, para calcular la tasa de crecimiento de la población habría necesitado estadísticas de años anteriores a 1801. Es decir, todo lo que manifestaba se basaba sólo en presunciones.
2) Tampoco poseía datos para calcular el crecimiento de los recursos alimenticios pues no había ninguna estadística sobre cantidad de tierras bajo cultivo ni sobre el tonelaje de las cosechas. Es decir, también en ésto se manejó con conjeturas.
3) No tuvo en cuenta que si la población aumentaba en proporción geométrica también lo harían así los vegetales y los animales, recursos primarios de la alimentación humana. Pero la verdad es que ni las personas, ni los animales, ni las plantas, se reproducen en progresión geométrica, sino que su incremento varía según las circunstancias prevalecientes. El ecosistema mundial se ajusta a un equilibrio muy delicado y el orden evidente en la naturaleza está lejos de ser el de “comer o ser comido”, es decir, el de la lucha por la supervivencia propuesto por Malthus y Darwin.
En resumen, las hipótesis erróneas e ilógicas de Malthus no se apoyan en fundamentos científicos de ningún tipo. No obstante, Darwin construyó su teoría de la evolución teniéndolas en cuenta.
NO ES CIERTO QUE “LA VIDA ES UN COMBATE MORTAL”
Algunos, además de admirar a Malthus y a Darwin, han sostenido que “la vida es un combate mortal”, es decir, una competencia extrema de todos contra todos. El embriólogo alemán Wilhelm Roux afirmó que los órganos competían entre sí por los nutrientes: los riñones con los pulmones, el corazón con el cerebro. T. H. Huxley sostuvo incluso que todas las moléculas, dentro de cada organismo, competían entre ellas(1).
Los descubrimientos biológicos del siglo XX mostraron que eso no era cierto y que, por el contrario, los organismos existen gracias a su cooperación y no a la competencia. Por ejemplo, el biólogo Thomas Lewis escribe en su libro La Vida de Una Célula:
Norman Macbeth's Buch: Darwin Retried: an appeal to reason
La mayoría de los vínculos conocidos entre lo viviente, son esencialmente de cooperación, simbióticos, en uno u otro grado. La presencia de adversarios, da lugar a una relación fría, con señales de advertencia, emitiéndose signos de prevención a distancia…(2).
Norman Macbeth, autor de Nuevo Juicio a Darwin: un  Llamado a la Razón, nos explica porqué Malthus y Darwin estaban equivocados y porqué en la naturaleza no existen esas luchas mortales:
Darwin lo tomó de Malthus, quien era sociólogo (¡y de los que producían espanto!) y no biólogo. (Sus ideas) no derivaban de una contemplación apacible de los vegetales y de los animales. De haber procedido así… no hubiese encontrado que “cada organismo vivo se esfuerza por crecer cuantitativamente en proporción geométrica” o que existe una lucha continua…(3).
En su libro Ayuda Mutua: Un Factor de la Evolución, Peter Kropotkin describe el error en el que caen Darwin y sus sostenedores:
Los incontables seguidores de Darwin redujeron el concepto de lucha por la existencia a sus límites más estrechos. Concibieron el mundo animal como el de un combate perpetuo entre individuos hambreados, cada uno de ellos sediento de la sangre de otro… Si tenemos en cuenta a Huxley… el mundo animal está casi al mismo nivel que el de los gladiadores: los animales están bastante bien cuidados y preparados para luchar, de tal manera que los más fuertes, los más veloces y los más listos, viven para luchar un día más… Se puede poner de relieve, inmediatamente, que en el parecer de Huxley sobre la naturaleza, prácticamente no hay casi nada que posea el carácter de deducción científica(4).
Un artículo en la revista científica turca Bilim ve Teknik (Revista de Ciencia y Tecnología), admite que es un error considerar que la naturaleza es un campo de batalla:
El problema es porqué los organismos vivientes se ayudan uno al otro. Según la teoría de Darwin, luchan entre ellos por la supervivencia y la reproducción y el ayudarse reduciría las ventajas individuales. En consecuencia, el proceso evolutivo debería haber eliminado ese comportamiento en el largo plazo. Sin embargo, se observa la existencia de actitudes altruistas entre los mismos(5).

DİPNOTLAR

1. http://www.trufax.org/avoid/manifold.html
2. L. Thomas, The Lives of a Cell, New York: Bantam Books INC., (1974)
3. www.trufax.org/avoid/manifold.html
4. Peter Kropotkin, Mutual Aid: A Factor of Evolution, 1902, I. Bölüm.
5. Bilim ve Teknik, sayı 190, s.4

Darwin el Maltusiano Escribe Darwin en su autobiografía:

En octubre de 1838, es decir, 15 meses después que inicié mis averiguaciones sistemáticas, sucedió que leí como pasatiempo lo escrito por Malthus sobre Población. En condiciones de comprender la lucha por la existencia en la que participan todos, según la observación continua y durante mucho tiempo, de los hábitos de los vegetales y de los animales, fui impactado inmediatamente por la idea de que bajo esas circunstancias las variaciones favorables tenderían a ser preservadas, en tanto que las desfavorables serían destruidas. La resultante de ello sería la formación de nuevas especies. Estas deducciones me daban, por lo menos, una teoría sobre la cual trabajar…12
Es decir, en  la mente de Darwin tomaron forma los conceptos sobre la evolución por medio de la selección natural y la lucha por la supervivencia después de leer a Malthus. Y en El Origen de las Especies admite que aceptó plenamente sus supuestos:
No hay ninguna excepción en la regla que nos indica que cada criatura orgánica aumenta su número naturalmente en una proporción tan elevada que, de no ser reducida, el planeta quedaría cubierto por la progenie de una sola yunta. Incluso nuestra especie, que tiene una baja tasa de procreación, ha doblado la cantidad de individuos en 25 años. De mantenerse la misma, en menos de mil años no habría, literalmente, lugar donde ubicar a nuestra descendencia en la Tierra13. 13
La lógica pervertida de Malthus también se aplicó a los niños, muchos de los cuales fueron forzados a trabajar bajo condiciones calamitosas.

Darwin describió de la siguiente manera la relación entre la teoría de Malthus y su tesis sobre la selección natural:
Cuanto más son los individuos de una especie que pueden sobrevivir, con mayor razón se debe dar una lucha entre sí o con miembros de otras especies o con las condiciones ambientales. Esta es la doctrina de Malthus aplicada en diversos grados de exigencia al conjunto del reino animal y vegetal 14
Pero esa conclusión a la que llega no posee ningún rigor científico. Además, dicha forma de ver las cosas lleva a sostener que una política poblacional correcta se basa en la eliminación del pobre y del débil y en la estimulación de ese tipo de conducta: considerar que la vida no se fundamenta en la paz, la seguridad y la comprensión, sino en una lucha impiadosa, lleva a las catástrofes más terribles.

Malthus Genera las Ideas Que Hacen Creer Que lo Correcto es Ser Cruel e Insensible

Según Malthus, “las clases inferiores” deben ser sometidas, oprimidas, quebrantadas y explotadas. Al imponerse ese criterio entre los que manejaban los resortes del poder, la clase obrera pasó a trabajar bajo las condiciones más espantosas.

Como ya mencionamos, las alucinaciones de Darwin y Malthus, presentadas en el período posterior a la revolución industrial en Inglaterra, recibieron un amplio apoyo. Es interesante saber a qué se debió esto. Veamos. La aristocracia inglesa, por un lado, temía ser desposeída de su estatus, el que pasaría a la clase trabajadora. Por otro lado, necesitaba una fuerza laboral cada vez más numerosa y barata. Frente a este dilema llegó a la conclusión de que “la clase más baja” tenía que ser acobardada, sometida y puesta a trabajar, inspirándose en los argumentos, supuestamente científicos y válidos en los campos de las ciencias naturales y la biología, de Darwin, basados en las ideas de Malthus. Este sugirió, frente a la perspectiva de un rápido aumento de la población e insuficiencia de recursos alimenticios, que había que evitar la multiplicación de quienes ocupaban los escalones inferiores de la sociedad, para lo cual se debía aplicar una serie de medidas en detrimento de los pobres.
Dice Richard Hofstadter, en su libro El Socialdarwinismo en el Pensamiento Norteamericano, acerca de la defensa de Darwin de las tesis de Malthus:
El maltusianismo se volvió popular en Inglaterra… también fue usado por los ricos para desentenderse de todo sentimiento de culpa por el sufrimiento de los pobres. El curso de los sucesos demostró que Malthus estaba equivocado. Y justo cuando sus criterios eran desechados de la economía política, la biología darwinista les insufló nueva vida15.
El investigador Ian Taylor dice lo siguiente, en un artículo acerca de los conceptos desnaturalizados en la tesis de Malthus:
Los primeros en defender los extravíos de Malthus fueron los que necesitaban mano de obra barata.

La lección que se saca de todo esto es que Darwin y otros que rechazan a Dios y la promesa de Su amparo, han encontrado en Malthus el fundamento (generador) de una concepción trágica y aterradora que les ha conducido a principios intelectuales atroces y a proposiciones científicas absurdas, a pesar de las obvias debilidades y deficiencias de los argumentos en que se basan16.
No obstante, aunque la ciencia refutó los supuestos “brutales, absurdos, conducentes a la pérdida de la esperanza” de Malthus, éstos siguen influyendo hasta hoy día.
Ian Taylor resume en su libro In the Minds of Men la sucesión de acciones horrorosas que van de Malthus a Hitler:
La máxima que guiaba a Malthus fue la que posteriormente se expresó como “la supervivencia del más apto”. A esa idea se le puede seguir la pista, que va de Townsend a Malthus, de éste a Spencer, de éste a Wallace y de éste a Darwin. Eventualmente se expandió para inspirar a hombres como Hitler. Pero debería recordarse que tiene su comienzo con el relato sobre las cabras y los perros17.
Como hemos visto, diversos administradores y líderes se valieron de los criterios de Malthus para enmascarar la defensa de sus propios intereses. Distintos formadores de opinión, con sus respectivas cargas ideológicas, jugaron un papel importante para que esos conceptos recibiesen una aceptación muy amplia. Pero los desastres a los que llevaron alcanzaron una escala nunca vista antes. En las páginas que siguen examinaremos de qué manera esas ideas impiadosas, que tienen a Malthus como punto de partida, se fortalecieron bajo la denominación de socialdarwinismo y el costo que pagó la humanidad por ello.

DİPNOTLAR

8. Thomas R. Malthus, An essay on the principle of population as it affects the future improvement of society., Reprint, London:Reeves and Turner, (1798) 1878, s. 412
9. Thomas R. Malthus, An essay on the principle of population as it affects the future improvement of society., Reprint.London:Reeves and Turner, (1798) 1878, s.411, 430-431.
10. Karl Polanyi, The Great Transformation, Boston, Beacon Press, 1957, s.112
11. Karl Polanyi, The Great Transformation, Boston, Beacon Press, 1957,s.112.
12. Sir Gavin de Beer, Charles Darwin, London: Thomas Nelson & Sons, 1963 
13. Charles Darwin, On the Origin of Species By Means of Natural Selection, London, 1859, (tekrar baskı 1964, Harvard University Press, Cambridge) s.64 
14. Charles Darwin, On the Origin of Species, s. 117 
15. Richard Hofstadter, Social Darwinism in American Thought, s. 88
16. http://www.creationism.org/csshs/v04n3p18.htm 
17. Ian Taylor, In the Minds of Men, s. 65